De hortalizas y panteras_MONTSE REGO 17/09/2025
DESCARGAR CATÁLOGO EXPOSICIÓN
La afición a la naturaleza muerta se rastrea en los clásicos, alcanza su esplendor en el XVII, la vanguardia le concede una reputación inédita y en el arte actual lo alimenticio trasciende lo nutricio. La artista lucense Montse Rego, asentada en Compostela, ya había introducido los alimentos en determinadas piezas de joyería o cerámica, pero en la individual que presenta en la compostelana galería Metro apuesta por abordar la pintura revisitando a Sánchez Cotán y experimentar a nivel escultórico con la idea de arquitectura en cerámica. Seducida por el conocido “Bodegón del cardo”, pieza maestra de la naturaleza muerta barroca, descubre escenografías paralelas propicias a la aparición de la sorpresa.
El modelo creado por el maestro toledano se actualiza de tal modo que al aproximarnos a las denominadas “Arquitecturas para bodegón” de Rego nos encontramos con estructuras a modo de escenarios teatrales en los que inserta, irónicamente, alimentos sanos como un puerro o un plátano con otros ultra procesados, lonchas de mortadela u otros embutidos altamente decorativos. La sobriedad de la puesta en escena resalta más el ascetismo objetual de productos que invitan a soñar sin dejar de reflexionar.
La artista nos incita a adentrarnos en ámbitos un tanto metafísicos y anima a sentir la filosofía warholiana al incorporar un elemento tan banal de la sociedad consumista como es una “pantera rosa”, cremoso pastelito que hacía las delicias de los nacidos en la generación de los 60, más cierta dosis melancólica por la infancia perdida y emoción por lo inesperado.
Enriquece su discurso preservando y enalteciendo exclusivamente los valores plásticos, aquellos que tanto apreciaban otros tantos maestros del bodegón como Morandi. Se concentra en cuestiones formales para abordar su asignatura pendiente con la pintura, guiada por sus pautas totalmente pictóricas. Así además de insertar la tradicional ventana abierta en alguna pieza, la icónica pantera adquiere entidad propia escalando muros, revistiéndose de pátinas aterciopeladas o invitando al tacto más que a la nutrición de unas obras totalmente incomestibles.
La artista reflexiona sobre la producción alimentaria intensiva y su repercusión en la sociedad. Alegoriza sobre la dependencia de productos basura, aquellos que precisamente son los que están al alcance de los que menos recursos tienen. Nos seduce con lonchas de embutido que penden con poder hipnotizador de un ascético escenario, pero al mismo tiempo cuestionan la problemática tan actual sobre si podemos considerar como natural un producto tan modificado por la biotecnología y posteriormente asimilado por la sociedad.
Las naturalezas muertas regianas son geológicas, algunas remiten a formaciones rocosas o a carnalidades seductoras, con resonancias del pop art y del hiperrealismo. Reivindican el cuadro- objeto y la labilidad entre la realidad o la pura ficción.
Rego celebra lo cotidiano, el valor de lo efímero, espontáneo e improvisado. De ahí nacen las fotos que acompañan la muestra arrancadas a los tiempos del confinamiento. Alimentos plastificados o congelados actúan como interrogantes sobre la fragilidad de lo natural. Todo un afán de extraer poesía en lo que normalmente pasa inadvertido. Al tiempo que intenta retratar o demonizar, quizá al sistema capitalista del objeto-mercancía característico de la sociedad de consumo.
Fátima Otero Bouza
|