SUSO BASTERRECHEA. Quise ser perfecto, ...






SUSO BASTERRECHEA. Quise ser perfecto, ...

    

16/04/2021


Después de nueve años, Suso Basterrechea (Ferrol,1968) vuelve a la Galería METRO para ponernos al día sobre lo que ha sucedido en su estudio durante los últimos tiempos. “Quise ser perfecto, quise ser minimalista, pero tengo goteras” es el título de esta muestra, una proclama extraida de una de sus obras, que se presenta como una declaración de intenciones.Se dice que el sentido del humor es signo de inteligencia y la ironía una de sus herramientas más efectivas para analizar con rigor y seriedad las cosas importantes y a la vez provocar una sonrisa. Suso Basterrechea lo hace usando el dibujo y el texto dibujado, a veces en un solo espacio, otras por separado, pero formando un discurso complejo, en ocasiones sutílmente sarcástico, en otras deliberadamente poético, que nos confronta a lo cotidiano desde aquellos ángulos muertos desde los cuales se percibe la realidad con una mayor nitidez.

 

Sus piezas, aunque nacen independientes y funcionan individualmente, conforman un todo que puede ocupar las paredes enteras, a modo de segunda piel, generando una panorámica global de su pensamiento como artista, como individuo, como activista, como ser humano,… Dibujos y textos dibujados, realizados de forma individual, sin lazos aparentes de interrelación con otros, como versos libres, se convierten en las células que dan vida a la gran obra que nace justo en el momento del montaje expositivo. Con esta acumulación explosiva todo adquiere otra dimensión, una dimensión abierta al juego dialéctico entre el individuo y el grupo. La construcción de una identidad común nacida de la suma de las identidades individuales se convierte en una metáfora social y política que bien se podría resumir en aquello de que la sociedad es mejor cuanto más críticos sean sus individuos. 

 

El dibujo de Suso Basterrechea es directo, sin concesiones a la retórica y al preciosismo. Sus textos, dibujados con plantillas, forman parte inherente del todo. A veces son el todo de la obra, adquiriendo en su conjunto una dimensión que va más allá del dibujo para situarse en el territorio de la instalación o la escultura. Y ésto es lo que percibimos cuando entramos en una de sus exposiciones, también en ésta; nos encontramos inmersos en una escenografía creada con papeles, dibujos, textos, marcos, lámparas y focos, escaleras, sillas o bombillas, que nos envuelve, que nos hace pensar y extraer nuestras propias conclusiones, volviéndonos cómplices de su juego. Son trabajos que recuperan la energía de los panfletos, de los carteles, que emiten su proclama desde una austeridad contundente pero también desde el uso de colores, formas y tipografías encaminadas a una lectura pública. Esta mezcla creativa corresponde a la urgencia, a la necesidad de encontrar una respuesta o un estímulo a cada una de las situaciones en las que la práctica artística, política y social lo sitúan en cada momento.

 

La realidad se nos presenta especialmente fragmentada en nuestro tiempo, en el borde del abismo no parece haber tiempo para un plan bien estructurado o simplemente la agitación no permite encontrar el momento para su elaboración. Nuestras filias y fobias se confunden, la historia del arte reciente, la sociedad, la política y las anécdotas de mi vida cotidiana se solapan y solo se me ocurren comentarios a pie de página de todo esto.

 

Formado en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, Suso Basterrechea es sin duda uno de los artistas más interesantes de nuestro tiempo. Dibujo, escultura, activismo social, video, escenografía, diseño, textos, cartelería, gestión cultural… son algunas de las muchas inquietudes o estadios que conforman una trayectoria artística de más de tres décadas en las que ha protagonizado numerosas exposiciones individuales y colectivas, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Su obra está presente en reconocidas instituciones como la Colección Unión Fenosa MACUF, la Colección Josep Mª Civit, la Colección Caja Madrid o el Museo Nacional de Túnez.

 

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Hace años creí que en lo simple encontraría consuelo, una cierta tranquilidad en un proceso creativo cargado siempre de dudas. Pronto descubrí que ese deseo de hacer cosas "solidas" conllevaba una constante labor de restauración. Cualquier defecto se hacía más destacado, existía una mayor dependencia del espacio o contexto, ya que interfería en mi imagen ideal y además se gestaba de un modo lento cuando yo soy una persona que precisa de respuestas rápidas. Pensé entonces en las gacelas en la sabana, corriendo en grupo para tratar de despistar a sus depredadores. El dibujo fue la respuesta, agrupando muchos trabajos los errores podían confundirse unos con otros. En mi sensibilidad el papel tenía el mismo valor matérico que la escultura y esa estrategia de acumulación respondía a criterios que ya conocía de mi labor tridimensional. 

 

Deje de ser un restaurador eterno y ahora creo una única obra, aparecen nuevos elementos, otros desaparecen, pero es un excitante trabajo permanente donde todo está siempre vivo. El resultado se adapta mucho a la urgencia de mi vida y, si me lo permiten, de nuestra propia sociedad. Expositivamente ofrece muchas posibilidades y es apropiado para espacios convencionales, pero también se puede utilizar con eficacia en publicaciones o en la propia calle. Aunque muchos de sus elementos son bastante herméticos y referenciales al mundo del arte, hay otros de los que participa cualquier persona; burdos, ácidos, políticos o poéticos, me acercan a la gente, a la comunicación, algo sobre lo que el arte debería reflexionar.

 

Como van pasando los años y me hago mayor, ahora pienso porque ser gacela pudiendo ser león, así que me tumbo a la sombra a reflexionar. También creo que el viejo axioma "una imagen vale más que 1000 palabras" quizás sea cosa del pasado...vivimos en un mundo de saturación visual.

 




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